Sólo un 10% de las empresas familiares llega a la tercera generación. La ausencia de un plan de sucesión consensuado con los congéneres, la falta de formación o ineptitud del sucesor, o el hecho de que el predecesor se aferre al cargo hacen peligrar la compañía.
La primera generación es la que pone en marcha el negocio; la segunda, la que lo hace crecer, y la tercera es la que lo arruina. O de forma similar: "Padre arriero, hijo caballero y nieto pordiosero". Estos dos dichos vienen a señalar el proceso de desaparición que las empresas familiares sufren cuando son los descendientes de los fundadores quienes asumen el control del negocio.
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Cuando se identifican las áreas de oportunidad que se tienen en los
procesos que intervienen con la rentabilidad de un negocio, muy seguramente
su revisión...
Hace 10 años
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