Quejarse se puede convertir en un hábito muy nocivo para su desarrollo profesional. Si adopta esta actitud de manera recurrente, con o sin justificación, y no acepta la solución esto hace un flaco favor a su productividad.
Lamentarse requiere un esfuerzo nada desdeñable que puede dedicar a otras actividades profesionales, por ejemplo, a la búsqueda de soluciones que alivien aquello que, a su parecer, merece algún tipo de demanda.
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La invasión de los quejicas,Empleo, expansion.com
La mejor forma de optimizar la Cadena de Suministros
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Cuando se identifican las áreas de oportunidad que se tienen en los
procesos que intervienen con la rentabilidad de un negocio, muy seguramente
su revisión...
Hace 10 años
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